Discursos

Mensaje del candidato presidencial José Antonio Meade Kuribreña, en el marco del evento The Real Estate Show

Buenas tardes.

Me da mucho gusto estar con todas y todos ustedes en este evento, me da mucho gusto volverlos a saludar.

Hace apenas un año tuvimos la oportunidad de encontrarnos justamente en este foro, y algunos días después tuvimos oportunidad de hacer el mismo recorrido en las maquetas para darnos una idea del tamaño y del potencial de este sector.

Y quisiera empezar agradeciéndoles, el año pasado que nos vimos, México enfrentaba una crisis de confianza muy relevante, una crisis de confianza que llevó a varios actores a detener sus proyectos de inversión.

Pero la ADI piensa en México y piensa en el largo plazo, y desde esa perspectiva en un momento en donde el país estaba buscando certeza, en un momento en el que queríamos mandar la señal de que México se podía planear de largo plazo, en un momento en donde había severas dudas de confianza que se reflejaban en nuestros mercados, la ADI hizo un anuncio de inversión muy importante.

Un anuncio de inversión que casi duplicó lo que originalmente se había pensado comprometer, un anuncio de inversión que este año se integra y que vuelve a mandar la señal de que, cuando México necesita a la ADI, que cuando México necesita que este sector le apueste al desarrollo del país, la ADI está presente y yo hoy se los reconozco y se los agradezco.

Yo quisiera dejarlo con tres o cuatro elementos de reflexión genéricos, en términos de lo que quisiéramos hacer en la siguiente administración y cómo el desarrollo inmobiliario juega un papel relevante en ello.

Hay tres leyendas urbanas, que me gustaría desmitificar: la primera de ellas es que México siempre será un país en vías de desarrollo, lo oímos recurrentemente, nos quedamos siempre cerquita, pensamos que la promesa de desarrollarnos está al alcance de la mano y poco a poco sentimos que se nos desvanece esa posibilidad.

Sin dudan México está en posibilidad de dar ese brinco. Ahí vemos un mapa del mundo en 1910 y tenemos dos ejes, esperanza de vida del lado izquierdo y el Ingreso Per Cápita en el eje de las X.

Y lo que vemos es, en general, un mundo, en 1910, en donde la gente vivía poco y tenía pocos ingresos, en donde en general estábamos concentrado el que mejor abajo de los 9 mil dólares Per Cápita, dólares de hoy, y con esperanzas de vida que navegaban abajo de los 50 años.

Y podemos ver cómo de 1910 a la fecha fuimos creciendo y fuimos evolucionando. Ahí se ve a México, más o menos donde está Venezuela, se ve la crisis del 29, la Segunda Guerra Mundial, ahí se ve el desarrollo estabilizador y a México creciendo de manera importante.

Atrás se ve a la India y China, se empieza a ver la crisis del 82, la crisis del 94, la crisis y la recesión del 2000, la del 2009 y finalmente la fotografía del mundo, hoy.

En esa fotografía se aprecian varios elementos muy interesantes. Primero, cuando vemos el nivel de desarrollo de los países y los contrastamos contra un índice de Estado de Derecho. Nos queda claro que a mayor Estado de Derecho, mayor nivel de desarrollo; a menor Estado de Derecho menor nivel de desarrollo.

Y alcanzamos a ver una dispersión mucho mayor en el 2015, de la que veíamos en 1910. Esto es, hay países que viven hoy muy parecido a como se vivía hace más de 100 años, y hay países que alcanzaron un nivel de desarrollo muy importante.

México está más o menos a la tercera parte del atajo, eso quiere decir que si queremos dar un brinco hacia los niveles de desarrollo adicionales y superiores, tenemos que mejorar sin duda nuestro Estado de Derecho.

Ahora, mejorar el Estado de Derecho se ha convertido con algo que decimos con mucha frecuencia, y realmente el reto es traducirlo.

¿Qué quiere decir que México tengas un buen Estado de Derecho? ¿Qué tendríamos que hacer para alcanzarlo?

Si revisamos todo ese mapa del mundo, podemos encontrar muy diferentes razones por las que los países se desarrollaron de distinta forma, unos más rápidos que otros.

Pero un elemento fundamental, un elemento interesante, es que hay países que tienen mejores reglas del juego que otros, y tener buenas reglas del juego hace una enorme diferencia.

Y la historia nos ofrece cuatro ejemplos interesantes, ejemplos de países que comparten geografía, historia, anhelos, genética, religión, y que sin embargo, por diferentes razones, tuvieron un desarrollo muy distinto.

Corea del Norte y Corea del Sur, la misma península, la misma geografía, la misma historia, hoy en Corea del Norte de vive 10 años menos que en Corea del Sur y la talla de los coreanos del Norte es menor que la de los coreanos del Sur, y la diferencia fundamental es el Estado de Derecho.

Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Mientras estuvieron separados, Vietnam del sur crecía dos veces más rápido que Vietnam del Norte, compartiendo geografía, anhelos, historia y tradición, reglas del juego diferentes implicaban el doble, en términos de taza de crecimiento.

Europa Oriental y Europa Occidental. Uno podía haber argumentado que Europa Oriental tenía más salud y más educación, y sin embargo, después de la unificación, los salarios en Europa Oriental en tan solo seis años prácticamente de duplicaron.

Y la zona Bolivariana. La zona Bolivariana que comparten desde Panamá hasta Bolivia, pasando por Colombia y con Perú, comparten, no solamente historia, los mismos libertadores, la misma región geográfica. Y sin embargo cuando los comparamos de 1977 a la fecha, vemos que el desarrollo de ésta región es muy dispar.

En el caso de Panamá, 200 por ciento mayor PIB Per Cápita que el que se tenía en 1977. Y en el caso de Venezuela, 20 por ciento menor.

De nuevo, las reglas del juego importan, y habría que definir cuáles son y qué tendríamos qué hacer para hacerlas vigentes.

Ahí vemos uno de los ejes que hace diferencia en términos de Estado de Derecho, que tiene que ver primero con corrupción y después con seguridad. Ahí están ordenados de menor a mayor, los países en términos de su prestigio en materia de combate a la corrupción. Está Singapur, Hong Kong, Italia, México y Somalia.

Y se dio un avance muy importante y notable en el caso de Singapur y de Hong Kong, que lograron, a pesar de haber empezado, mucho más lejos de donde empezó México.

En Hong Kong llegó a ser tan complicado el tema de la corrupción, que el lema de los bomberos era “sin dinero no hay manguera”, “sin dinero no hay agua”. Si no se le pagaba al bombero, una vez ya detonado el incendio, no encendía el agua para poderlo apagar.

Singapur tenía el peor prestigio en toda esa región del Asia-Pacífico en temas de corrupción. Y sin embargo hicieron cuatro cosas, que lograron un impacto muy importante en materia de corrupción: recuperaron lo robado, le dieron autonomía a los ministerios públicos, certificaron la evolución patrimonial de los funcionarios e impusieron penas más severas.

Si esas jurisdicciones pudieron lograrlo, con estas cuatro medidas de política pública, México sin duda puede superar este flagelo y construir instituciones de las que nos sintamos orgullosos.

El otro enorme reto que México tiene como país, tiene que ver con la seguridad. Ahí vemos coloreada la inseguridad en diferentes intensidades de azul, vale la pena contar que escogimos el color azul sin ningún elemento que prejuzgara desde el punto de vista político.

Pero, sin embargo, se ve: a mayor inseguridad, mayor intensidad de azul. Y partimos en 1997. En rojo se va a ver la cantidad de armas producidas en Estados Unidos.

Tenemos un buen arranque de siglo, mejora mucho la inseguridad, se empieza a complicar a partir del 2008, y en el 2011, alcanza un primer máximo.

Llaman la atención dos cosas de esa gráfica, primero, cómo se descompone la inseguridad conforme aumenta la producción de armas en Estados Unidos. Y segundo, un reto de inseguridad concentrado en el norte y en Guerrero.

Si evolucionamos del 11 al 17, vemos primero una muy importante mejoría hasta el 15, y luego un repunte importante hasta el 17.

Pero llaman la atención de esa gráfica 2 cosas. De nuevo, la constante del acompañamiento en la inseguridad con las armas, pero, además, vemos una evolución de la inseguridad hacia la zona el Pacífico y hacia el sur, que nos lleva a pensar que hay elementos que estructuralmente son diferentes en esta inseguridad que la veíamos en el 2011.

Pero, vemos la constante de las armas, y eso nos hace pensar que, además de una política de prevención, tendríamos que hacer cuatro elementos adicionales.

Ciertamente, quitar las armas. Se estima que en México hay entre 500 mil y un millón y medio de armas, eso nos ubica en tres veces más armas de las que tiene el Ejército de Guatemala y en casi el equivalente a las armas que tiene el Ejército de Canadá.

Tenemos, igual que en materia de corrupción, que poderles quitar el recurso a la delincuencia organizada, tenemos que mejorar nuestras policías, tanto en número como en capacitación, y tenemos que abandonar el concepto de que seguimos viviendo en la época de “Los bandidos del Río Frío”. Ninguna de las 32 entidades define de la misma manera a la inseguridad.

Y eso quiere decir que aunque tengamos buenos policías y buenos ministerios públicos, si no hablamos el mismo lenguaje delincuencial, poco vamos a hacer en materia de combatirlo y de ofrecerle a los ciudadanos mejores resultados, pero si hacemos estos cuatro elementos y además tenemos una buena cultura de previsión, no tendría por qué escapársele a México el entorno de seguridad que han logrado otros países del mundo.

México es un país profundamente desigual, en términos de sus retos y en términos de lo que tendríamos que hacer para adelante. Es un país que ha cambiado y que ha mejorado mucho.

De 1960 a la fecha, los cambios han sido muy relevantes.

1960. Solamente el 65 por ciento de la población sabía leer, el 35 por ciento de la población no sabía leer ni escribir, hoy es el 96. En 1960 sólo el 20 por ciento de la población había terminado la primaria, hoy es el 95. En el 60, sólo el cinco por ciento de la población había terminado la secundaria y solamente el dos por ciento había terminado la preparatoria. Hoy, esos números se acercan al 70 y al 41.

Y como estamos saliendo a buscar a quienes no terminaron el ciclo educativo, estamos mejorando y estamos superando la cantidad de gente que termina secundaria y preparatoria, que es en todos los casos superior a la que la empieza.

¿Y esto por qué es relevante el punto de vista de reto? Es relevante porque hoy en México, hay 48 millones de adultos que no terminaron la preparatoria. Eso quiere decir que ese universo va a vivir cinco años menos que el que sí la terminó, que va ganar 41 por ciento menos.

De quienes en México están en pobreza extrema, nueve de cada 10 no terminaron la preparatoria; siete de cada 10, de los que no tiene seguridad social, no terminaron la preparatoria; y ocho de cada 10 de quienes no tienen acceso a una vivienda digna, no terminaron la preparatoria.

Por contra, tenemos en México 34 millones de mexicanos que sí la terminaron, ellos están plenamente incluidos en las oportunidades que el país ofrece, ellos están en la vanguardia de la ciencia y tecnología, ellos están en posibilidad de aprovechar, en su beneficio, el desarrollo de las ciencias exponenciales.

Pero nosotros tenemos que hacer un México para los dos, para los que ya tuvieron las oportunidades y para quienes nos quedaron pendientes. Y eso implica un trabajo muy importante de hacer un gobierno a la medida de cada uno.

Tenemos en el gobierno un conjunto de instrumentos y tenemos en la Constitución un conjunto de derechos. Y lo que el gobierno debiera de hacer en un México que sigue siendo profundamente desigual, es acercar los instrumentos para asegurar el acceso a los derechos.

Tenemos el derecho a vivir en paz, tenemos el derecho a que el gobierno no nos pida un peso más del que está estipulado en ley, tenemos derecho a vivir en un entorno que nos permita reconciliarnos con el medio ambiente y con nuestros espacios de trabajo, tenemos el derecho a terminar una educación que nos prepare para la vida, tenemos el derecho de acercar a nuestra vivienda servicios básicos.

Eso implica un gobierno a la medida de cada ciudadano, y ese es el reto, de que en México esté plenamente vigente el Estado de Derecho.

¿Qué implica eso ya en un espacio mucho más cercano en términos de lo que preocupa puntualmente a la ADI? Implica el que trabajemos de la mano en desarrollar la economía familiar por la vía del desarrollo inmobiliario.

Ubico algunos datos en perspectiva que ustedes conocen bien.

En México hoy tenemos 30 millones de viviendas, para el 2050 vamos a requerir 42. Esas 42 o esas 12 millones de viviendas adicionales, se ven acompañadas de un reto muy importante, no queremos hacer viviendas. Queremos hacer ciudades inteligentes, queremos hacer desarrollo inmobiliario, queremos que las viviendas sean armónicas con el medio ambiente, que las viviendas, el desarrollo inmobiliario, los centros comerciales, mejoren la calidad de vida de quienes los visitan y de su entorno.

Queremos, además, generar patrimonio familiar e inmobiliario. Aquí hago una aclaración, este patrimonio familiar e inmobiliario no queremos que lo generen los servidores públicos, queremos que ese patrimonio familiar e inmobiliario se traduzca en quienes lícitamente acceden al desarrollo inmobiliario.

Queremos que el desarrollo urbano sea ordenado, queremos ordenar nuestro territorio, y queremos, en ese proceso, que el desarrollo inmobiliario que se hace en la ADI nos permita mejores espacio de concentración, de vivienda, de armonía, de comunicación, de transporte público masivo.

Las ciudades se van a reinventar en los siguientes años, y hoy la frontera de lo que México será en potencia, se ve en el caso de la ADI.

Queremos, además, reconocer el papel de la ADI como motor del mercado interno.

Y regreso a donde empecé, en un año muy complicado, en donde lo que estaba al centro de nuestro esfuerzo es que no se cayera la inversión, la ADI renovó su compromiso con México.

Anunció el año pasado 32 mil millones de dólares de inversión, lo anunció en un año muy complicado. En este evento volvió a anunciar una cifra superior, incluso, casi 36 mil millones de dólares.

Y eso implica dinamizar y traducir las capacidades que tenemos de financiar para que mejore la calidad de vida de nuestro país.

Y aquí pongo un dato que, a mi juicio, es relevante, somos uno de los países del mundo que ha desarrollado las mayores capacidades de financiamiento. Ahora que revisábamos la maquetas, veíamos atrás de cada una un CERPIE, un CECADE, un proyecto estimulado por banca de desarrollo, un proyecto apoyado por la banca comercial.

Esto es, prácticamente cualquier proyecto que tenga una utilidad que lo haga bancable, puede ser desarrollado en México. En lo que va de la administración en los últimos cinco años, la ADI ha echado a andar más o menos un proyecto cada tres días, esto son más de 100 proyectos al año, casi 600 proyectos en los últimos seis años. Y cada uno de ellos ha transformado la realidad del país y de quien tiene acceso a ellos para bien.

No hay que preguntarnos solamente qué implica el desarrollo inmobiliario hacia adelante, tan sólo ver lo que implicó para el país en el 2016 nos da alguna idea de por qué hay que estar cerca, por qué hay que estimularlo y por qué hay que desarrollarlo.

En los últimos seis años el desarrollo inmobiliario creció al doble de lo que crece el PIB, el desarrollo inmobiliario detona el desarrollo de más de 40 industrias, desde el hierro, el acero, el cemento, la madera y el aluminio.

La ADI y sus 79 asociados habían realizado ya inversiones en México que eran órdenes de magnitud superior a todo lo que invirtió Brasil en infraestructura para su último mundial, prácticamente el doble. Un proyecto nuevo cada 3 días, 6 de cada 10 proyectos impulsados por la ADI.

El empleo que genera el sector implica casi el 10 por ciento, el 8.4 por ciento, de todos los empleos formales del país. Si uno le quiere apostar a México tiene uno que empezar por apostarle al desarrollo inmobiliario.

Quisiera dejarlos con dos reflexiones adicionales, con dos reflexiones que a mí me parecen importantes: primero, que las campañas importan y que, en esta construcción del futuro que queremos, las campañas son relevantes.

Las campañas y las propuestas son relevantes porque ahí es donde se ganan las elecciones, esta es una elección cuya campaña todavía no empieza.

Si nosotros revisamos los tres datos que tenemos a la vista: quien punteaba en el 2000, perdió la elección; quien en marzo punteaba en el 2006, perdió la elección; quien en 2012 punteaba la elección, perdió 20 puntos en el segundo trimestre.

Esto es, hay que estar atentos a que las campañas empiecen, y una vez en campaña hay que estar atento a las propuestas.

Uno cree que lo que dicen los políticos en campaña no importa. De hecho, si uno atiende a la estadística, solamente el 4 por ciento de quienes me están escuchando ahorita, piensan que un político va a cumplir sus promesas.

Y, sin embargo, cuando contrastamos plataformas con programas de gobierno, nos damos cuenta de que las plataformas se traducen en un programa de gobierno, más o menos en el equivalente al 66 por ciento de la plataforma.

Cuando empiece el proceso electoral, la invitación es a que estemos atentos, que seamos capaces de contrastar perfiles y propuestas y que le apostemos a la propuesta que mejor puede mantener el rumbo de este país.

Ahí se ve lo que comentaba, en términos de los punteros y en términos de cómo cambiaron el porcentaje de votos, poco más adelante se ve el modelo de comunicación política y por qué en esta contienda aún nos queda mucho que ver. Y por qué en esa contienda habremos de acreditar que perfil y experiencia son las que estamos ofreciendo y las que convienen para que a México le siga yendo bien.

Yo, de nuevo, les agradezco la invitación, les agradezco lo que han hecho por México y lo que, estoy seguro, habremos de seguir haciendo por el país.

Muchas gracias y muy buenas tardes.