Discursos

Mensaje de José Antonio Meade Kuribreña en el marco del 24 Aniversario Luctuoso de Luis Donaldo Colosio

Agradezco la oportunidad de dirigirles unas palabras en esta fecha que evoca tristeza en muchos de nosotros, pero también orgullo y esperanza.

Este día hace 24 años fue asesinado Luis Donaldo Colosio Murrieta, este crimen puso fin a la vida de un mexicano excepcional, y con ello al proyecto de cambio con rumbo y responsabilidad que él encabezaba.

El homicidio de Colosio afectó el rumbo de la República, hundió a nuestro país en una grave crisis política y cambió el curso de la historia de México. Hoy nos corresponde recordar la trayectoria de aquel mexicano admirable y reflexionar sobre sus ideas y sus acciones, en ellas encontraremos inspiración y guía para seguir construyendo el país justo, libre y próspero por el que él luchó. No hay mejor forma de honrar su legado.

Analizar la congruencia entre lo que una persona dice creer y la forma en que vive y actúa, es la mejor forma de juzgar su valía. En el caso de un político es la señal más importante de su confiabilidad.

Luis Donaldo Colosio es ejemplo de consistencia entre el pensar y el hacer, y supera holgadamente esa prueba.

De esa vida rica en valores quisiera destacar tres aspectos que revelan la calidad personal de Colosio: el primero, su devoción al estudio. Se ha dicho, y con razón, que Colosio provenía de la cultura del esfuerzo, no del privilegio.

En su caso, ese esfuerzo se manifestó siempre en su constante aplicación al estudio, los testimonios de sus compañeros confirman que Luis Donaldo fue siempre un alumno destacado, desde la primaria hasta los estudios de posgrado, no solamente por sus cualidades intelectuales, sino por su dedicación.

Así adquirió una sólida formación intelectual y una gran solvencia técnica, que serían grandes activos a lo largo de su trayectoria.

El segundo, su vocación de servicio. Colosio hizo del servicio público una elección de vida, a pesar de las distintas ofertas que recibió para ingresar al medio académico en México y en el extranjero, o de las oportunidades que tuvo para desarrollar una carrera en el sector privado, Luis Donaldo mantuvo su determinación de servir a su país, ya fuera en cargos de representación popular o en tareas de gobierno.

El tercero, su ética personal. Todos los que conocieron de cerca a Colosio, que fueron parte de su círculo de amigos y colaboradores coinciden en este punto, fue un hombre íntegro, sencillo y austero en su estilo de vida. Sobre todo fue un hombre leal a sus principios y a su país.

Colosio nos dejó algo más que un ejemplo, fijó el estándar al que debemos aspirar quienes buscamos el apoyo ciudadano para servir a la sociedad desde un cargo público. Aquel que no cumpla con estas tres condiciones, debería comprender que el gobierno no es su destino porque no es su vocación.

El mayor legado de Colosio está en su pensamiento político, en textos de gran elocuencia que, si me lo permiten, reivindican la habilidad de un economista para expresar sus ideas. Hizo planteamientos que mantienen su vigencia.

Esto es lo que distingue a un estadista de un político: la capacidad para comprender los retos más profundos de su sociedad y de proponer una ruta para superarlos.

Quiero recuperar tres principios que constituyeron una guía de conducta a lo largo de la trayectoria de Colosio, que hoy son eran actuales como lo eran hace un cuarto de siglo: en primer lugar su compromiso con la democracia, que es otra forma de decir su compromiso con la ciudadanía.

Al rendir protesta como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI en 1988, Luis Donaldo hizo una reivindicación de la pluralidad y de la diversidad de ideas como valores políticos.

Sostuvo en particular que, y cito: “Hay que abrir las puertas, discutir en voz alta, dialogar permanentemente”. Veo en esas palabras una anticipación de lo que hoy asumimos plenamente, la convivencia en la pluralidad y el acercamiento a las perspectivas de la ciudadanía.

La coalición que hemos encabezado, que hemos conformado, encabezada por un candidato ciudadano, es testimonio de que la transformación que México exige, como lo intuía Colosio, nuevas formas de intermediación y de representación política.

El segundo punto del credo de Colosio que deseo enfatizar y que, en virtud de mi actuación como secretario de Desarrollo Social, considero especialmente importante, fue su convicción de que, en última instancia, el éxito económico se debe medir por la elevación del bienestar social.

Para el primer titular de SEDESOL, un manejo acertado de la política económica permite incrementar los recursos para el desarrollo social de manera responsable, y dar paso a lo que él llamó “una economía eficiente y socialmente comprometida”.

Hoy como ayer, ésta es la base del desarrollo genuino, una economía que genere riqueza y atienda las necesidades sociales que esté al servicio, primero, de las personas, de las familias y de la comunidad.

Por eso, junto a Colosio, considero que la forma más efectiva de elevar el bienestar es mediante el empleo y el ingreso que éste genere.

El tercer principio que deseo recordar hoy, es su determinación de restablecer la paz y la justicia en nuestro país, su anhelo de responder a un México con hambre y con sed de justicia, su voluntad de dar respuesta a ese país de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla.

El sentimiento de hambre y sed de justicia que percibió y denunció, se ha profundizado y se ha agravado. Justicia plena y cero impunidad es lo que exige nuestra sociedad.

Aquí radica hoy, como hace casi un cuarto de siglo, el mayor reto de nuestra nación.

Yo como Colosio provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio, y creo, como él, que el cambio con rumbo y con responsabilidad no puede esperar.

Por eso, ya entregué a los coordinadores parlamentarios de los partidos que me postulan, una iniciativa de ley que tiene como propósito eliminar el fuero de nuestro régimen jurídico.

Esa iniciativa reivindica la igualdad de todos ante la ley. Todo servidor público que comete un delito comparecerá, como cualquier ciudadano, ante las autoridades y no podrá volver a ocupar su cargo bajo ninguna circunstancia.

No habrá fuero para nadie, todos iguales ante la ley, y la ley por encima de todos.

Señoras y señores. El pensamiento y la obra de Luis Donaldo Colosio siguen vivos, y nos comprometen a trabajar por un México mejor.

Él hizo de la preparación, la vocación de servicios y la integridad las únicas bases aceptables para participar en política.

Los invito hoy a que hagamos nuestros sus principios, a que hagamos nuestra la visión de que los méritos personales y el apoyo ciudadano sea la única vía para estar y ascender en la carrera política, a que hagamos nuestra la visión de la política como servicio a los demás, no como oportunidad de lucro personal, a que hagamos nuestra una nueva visión de la política en la que la sociedad de las personas sean el fin y el sentido último de la acción.

El trágico homicidio de Luis Donaldo Colosio privó a México de un hombre con la convicción y la visión para transformar este país con rumbo y responsabilidad.

Hoy nuestro reto es similar, continuar la transformación de México evitando regresiones o imposturas que pongan en riesgo nuestra sociedad.

“Es tiempo de la política”, sostenía Luis Donaldo en 1988, hoy también lo es. Y lo que está en juego es el destino de México.

No vamos a permitir que una minoría delincuencial ensombrezca el futuro de México, para ellos las puertas de nuestro proyecto han estado y están siempre permanentemente cerradas.

No vamos a tolerar nunca ningún tipo de abuso, ninguna forma de corrupción, ningún acto que atente contra el bienestar de los mexicanos.

Al final, no puede haber más éxito para nuestra causa que el bienestar de las personas, las familias y las comunidades, ese es el único triunfo que buscamos, el de México.

Muchas gracias y que viva México.