Discursos

Mensaje de José Antonio Meade durante la Tercera Cumbre Ciudadana

Muy buenos días tengan todas y todos ustedes.

Estoy muy contento de la posibilidad de este encuentro, un encuentro y un diálogo más con una sociedad civil cada vez más vigente, cada vez más activa, cada vez más constructiva y más propositiva.

Agradezco mucho la participación de Mercedes y Alejandra que pusieron sobre la mesa la importancia, primero, de cara a esta reunión, y después Mercedes que hizo un resumen muy adecuado y muy acertado de posicionamiento en cada uno de los temas.

Quisiera yo abundar un poquito sobre los objetivos. Me parece que el ejercicio que se hace en este identificar las propuestas y ponerlas sobre la mesa nos ayudan mucho a tener una idea muy clara de cuáles son los instrumentos, de cuáles son los instrumentos relevantes en el debate de la construcción de sociedad civil alrededor de los ejes temáticos que aquí se han venido planteando.

Me parece que una evolución en un diálogo que, como dijo Alejandra, empieza con este espacio y con este encuentro, sería que poco a poco fuéramos vinculando los instrumentos con los objetivos y que pudiéramos medir la pertinencia del instrumento por el impacto que tiene en el objetivo.

Y eso yo creo que nos permitiría, como país, en donde tenemos al final el mismo objetivo de construcción de ciudadanía, el mismo objetivo de cerrar brechas, el mismo objetivo de acompañarnos en ese camino, un instrumento mucho más poderoso.

El ejercicio que aquí se hizo de identificar, de entrada, 56 instrumentos de participación, de diálogo, de diagnóstico es, yo creo, un ejercicio que vale la pena por sí mismo, porque nos empieza ya a identificar qué es lo que tendríamos que hacer en cada uno de los 7 ejes temáticos, en la idea de alcanzar un objetivo.

Faltaría, yo creo, que tuviéramos una discusión de cuáles son esos objetivos para que permanentemente pudiéramos evaluar si el instrumento es el pertinente y si nos está ayudando efectivamente a alcanzar el objetivo que estamos planteando.

El primer eje que se plantea es el de medio ambiente en el desarrollo sostenible. Todos los ejes tienen y nos ayudan a imaginarnos un México en el futuro, probablemente en donde ese ejercicio de imaginación sea más claro, es justamente en el planteamiento del desarrollo sostenible.

Cuando hablamos de desarrollo sostenible y lo metemos un poco en la dinámica del cambio climático, de la mitigación de los efectos del cambio climático, pasamos a veces por alto que el desarrollo sostenible tiene que ver con cómo nos imaginamos México, con cómo pensamos que debiera ser el transporte público no solamente hoy, sino los siguientes años, cómo pensamos que debiéramos de diseñar nuestras ciudades para hacer armónica la vivienda con el espacio de trabajo.

Cómo nos imaginamos y que mínimos tendríamos que plantear a cada una de las ciudades en términos, por ejemplo, de cómo van a tratar el agua para aprovechar el gas metano de ese proceso y utilizarlo para alumbrado público; qué exigencias debiéramos de tener en términos del manejo de la basura, por ejemplo, en una ciudad como la Ciudad de México, la ciudad más grande, la metrópoli más grande en el continente latinoamericano, no teníamos mecanizada la basura, no teníamos un bordo que nos permitiera hacerlo.

De ese tamaño la importancia del eje de ambiente en el desarrollo sostenible.

Se plantean instrumentos de participación, pero lo que debiéramos de reflexionar es cómo esos instrumentos nos ayudan a alcanzar el objetivo de que tengamos un desarrollo sostenible y, por lo tanto, lo que tendríamos que ver es si el instrumento nos ayuda, por ejemplo, a que todas las ciudades de cierto tamaño estuvieran tratando el agua, a que todas las ciudades de cierto tamaño tuvieran un bordo que estuviera mecanizado, a que el transporte público cumpliera con ciertos elementos de eficiencia, a que los aparatos electrónicos cumplieran con ciertos elementos de eficiencia.

Esta agenda, este eje, nos invita, insisto, a pensar sobre el futuro de una manera muy propositiva y los instrumentos, sin duda, pertinentes.

El segundo eje: cohesión comunitaria y desarrollo participativo. Parte del trabajo que hace la sociedad civil es la creación de ciudadanía, la creación de valores de participación de la ciudadanía, el empoderamiento de la ciudadanía para que sea un eje cada vez más vigente en el debate de sus propias construcciones.

Y aquí, de nuevo, la lista de intervenciones y de instrumentos es amplia y va, desde una alguna perspectiva, desde el derecho más fundamental hasta el debate en donde vamos a terminar todos.

El derecho más fundamental, siendo el de identidad. México es uno de los pocos países del G20 que no tiene resuelto el problema de identidad. Somos de los pocos países en donde, al mismo tiempo, tenemos una ciudadanía que esta sobreidentificada, muchos de ustedes tienen varios números de todo tipo y son uno para efectos del SAT, otro para efectos del pasaporte, otro para efectos del IMSS, otro para efectos de la matrícula educativa.

Y hay muchos mexicanos que no tienen ningún elemento de identidad, lo que se plantea en este eje es que vayamos de la identidad a la inclusión de personas en un México que no puede tener apellidos en el ejercicio de los derechos.

Y en un México, además, en donde en ese ejercicio de los derechos vamos a enfrentar retos, a alguna altura, todos. Uno de los elementos fundamentales es justamente el de la inclusión de personas con discapacidad.

Y ahí, a nuestro juicio, deberíamos de ir un poco más lejos de lo que la agenda plantea, no sólo es el Sistema Nacional de Identificación que nos permite un censo, que es una condición necesaria, sino transformar un enfoque de instituciones que hoy identifican a la discapacidad como un problema de salud, para movernos a un enfoque de instituciones que identifique a la discapacidad como un reto que tenemos que resolver desde el punto de vista de la inclusión.

Porque con la discapacidad es probable que nos encontremos todos, a alguna altura de la vida terminaremos todos enfrentando un reto de discapacidad y, por lo tanto, dar un paso más allá y que la agencia de gobierno pase de ver la discapacidad sólo en el ámbito de salud, a ver la discapacidad como una agenda de inclusión, es sin duda relevante.

En el tema de derechos humanos, ha habido una diferencia, justamente desde el punto de vista de objetivos, a mí me parece que la Ley de Seguridad Interior tiene valor, y me parece que tiene valor en el siguiente sentido, me parece que obliga a los estados a hacer un diagnóstico.

Los estados tienen, conforme a esta ley, la obligación cuando quieren pedir el auxilio de las Fuerzas Armadas, de decir que está pasando en su estado, por qué se están quedando cortos en sus autoridades civiles para enfrentar el reto de seguridad.

Y tienen, además, la obligación de llevar ese diagnóstico a su Congreso, para que el Ejecutivo del estado y el Congreso, en lo político, validen el diagnóstico y le den soporte a la petición de apoyo que se está haciendo a las Fuerzas Armadas.

Eso permite que las Fuerzas Armadas sepan, con consenso y legitimidad política, cuál es el modo, el tiempo y la circunstancia en donde se espera que actúe en el territorio, y le permite al ciudadano absoluta claridad de qué es exactamente lo que puede esperar de las Fuerzas Armadas.

Es un tema en donde hemos avanzado mucho, por ejemplo en el tema de desastres naturales. Cuando vemos a las Fuerzas Armadas actuar en el caso de un desastre natural, sabemos qué se espera de ellos en el rescate, qué se espera de ellos en el refugio, qué se espera de ellos en la reconstrucción.

Hoy vivimos en el peor de los mundos, tenemos un reto de seguridad que no terminamos, no sólo de superar, que no terminamos de enfrentar y de dimensionar. Y se le ha pedido a las Fuerzas Armadas, que cuiden en esto un papel para lo que no están diseñadas, para lo que no están capacitadas. Y lo han hecho con enorme esfuerzo, con enorme gallardía y habremos de reconocer, desde aquí, esa participación.

Pero con un marco jurídico imperfecto, en donde no estamos obligando a que asuma responsabilidad la entidad federativa, no la estamos obligando, siquiera, a que nos haga un diagnóstico de que está pasando en su entidad, de cuántos policías le faltan, de en qué tiempo tendrá capacidad de darle los elementos a esa policía de ser exitosa, de dónde le está fallando el esfuerzo de prevención, de dónde está identificando vulnerabilidades en materia de armas y de dinero, de dónde se está quedando corta en materia de investigación y de capacidades.

Todo eso se pone de relieve y obliga a ese debate, y por eso me parece que perfectible, como lo es, como cualquier marco normativo, enriquecido además por lo que sea que resuelva la Corte, el tener normada esa participación, sin duda, a mi juicio, es un paso adelante.

Pocos temas tan relevantes como el de la educación, una educación que hoy está siendo objeto de definición en la contienda electoral.

Sin duda, del marco de derechos, probablemente el más habilitante. La educación, cuando funciona, nos da elementos para la vida, nos prepara para enfrentar sus retos, su problemática, para poder resolver de mejor manera, de manera cotidiana, los retos que estamos enfrentando.

¿De qué tamaño es nuestro reto en educación de calidad? Somos uno de los sistemas de educación pública más grandes del mundo, estamos entre los primeros 10, me parece que en el quinto o el sexto.

Ahí hay un reto con esta generación que está hoy en las aulas, pero hay un reto de educación con calidad que trasciende las aulas y que trasciende a quien hoy tenemos la responsabilidad de educar.

En México hay 48 millones de mexicanos, de ciudadanos mexicanos que no terminaron la preparatoria, esos 48 millones de ciudadanos mexicanos van a vivir cinco años menos que los que sí la terminaron, esos 48 millones de mexicanos van a ganar en promedio 41 por ciento menos que los que sí la terminaron.

Cuando revisamos la pobreza extrema en México, encontramos que 9 de cada 10 mexicanos en pobreza extrema no terminaron la preparatoria.

De ese nivel es la importancia de la educación de calidad, de ese nivel el planteamiento y la importancia de los ejes y de los instrumentos que aquí se plantean. Pero la visión de la educación tiene que empezar prácticamente, sin el prácticamente, desde la primera infancia hasta la edad adulta, permanentemente actualizando y dando elementos para que pueda, quien fue objeto de educación y quien no la recibió, tener los elementos que le permitan una inclusión productiva, ya sea en el sistema laboral formal o en la capacidad de emprender.

Tenemos 34 millones de ciudadanos que sí terminaron la preparatoria, a quienes habría que garantizarles n espacio de educación superior.

Aquí la única diferencia de matiz es que nuestra perspectiva, en un México que tiene profunda desigualdad y en el compromiso que ya hemos hecho de que las escuelas tengan, todas, su propio presupuesto descentralizado para hacerle frente a las necesidades de infraestructura, estas necesidades son muy diferentes y, por lo tanto, el presupuesto debiera de reflejar esas diferencias. Pero, de nuevo, en la educación de calidad nos jugamos el futuro.

Si nosotros renunciamos a tener una educación de calidad, continua en lo inicial y en el futuro, no vamos a construir el país que merecemos, eso nos obliga a hacer esfuerzos relevantes de que no se nos salga nadie del sistema educativo formal hasta que termine la preparatoria y tenga la oportunidad de educación superior, pero nos obliga también a ir a buscar y a dar elementos de educación continua a todos aquellos a los que no les dimos los conocimientos o no les hemos dado la oportunidad de certificarlos.

En el tema del fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil, sin duda, un tema absolutamente toral, es en donde yo creo que debiéramos de tener, con mayor claridad, la discusión entre instrumentos y objetivos.

México tiene menos sociedad civil de la que necesita, México tiene menos cultura de participación de la sociedad civil de la que requiere. Cuando nos comparamos con prácticamente cualquier métrica, nos estamos quedando cortos en la construcción de un sector que, sin duda, está aportando ya de manera decidida al desarrollo del país.

Y justo en la convicción de que hay que fortalecernos, es en donde yo creo el debate entre instrumentos y objetivos es más importante y más interesante.

En Colombia hay cuatro veces más organizaciones de la sociedad civil que en México, en Brasil seis, en Chile ocho, en Estados Unidos 30.

Si revisamos incluso el trabajo voluntario, en México 4 de cada 100 personas dedican su tiempo a hacer algo de trabajo voluntario, en la OCDE el promedio es de 40. Esto quiere decir que estamos diez veces más lejos de lo que debiéramos aspirar en este tejido de sociedad civil.

Claramente es un sector que hay que estimular, hay que encontrar la mejor forma de estimularlo desde el gasto público hasta lo fiscal, desde la supervisión hasta la regulación, pero lo que tenemos que tener es permanentemente una evaluación de si el instrumento está siendo el adecuado para alcanzar el objetivo que queremos, y no debiera de haber ninguna duda de cuál es el objetivo que queremos.

México debiera de estar, por lo menos, a nivel de participación y de desarrollo de la sociedad civil norteamericana, y debiera aspirar a tener una sociedad civil con la fuerza y con el vigor que tienen en los países de la OCDE o el G20. Y porque estamos lejos, tenemos que asumir que lo que hoy tenemos no es el marco normativo ni fiscal, ni de estímulo de gasto correcto.

La métrica debiera ser alcanzar esos promedios en la convicción de que México va a ser mejor mientras más sociedad civil organizada tenga, la sociedad civil que va desde la conciencia hasta la sociedad civil en donde compartimos objetivos, en donde compartimos el objetivo del bien común y nos acompañamos haciendo esfuerzos relevantes de la mano, reconociendo que el objetivo del sector privado y del sector público convergen en la sociedad civil cuando la apoyamos y la acompañamos.

En el caso del eje de justicia, en donde hay una identificación plena con los objetivos que aquí se están planteando, también hay una métrica elemental: no puede haber justicia en México si no hay rendición de cuentas; no puede haber justicia en México si las denuncias no son investigadas; no puede haber justicia en México si esa investigación no termina con una sentencia que genere la posibilidad de reencontrarnos en el tejido social, de haberle dado respuesta a una víctima que lo fue de una violación a la ley.

Y hoy en México estamos muy lejos de hacerlo, hoy en México no tenemos capacidad de investigar y no tenemos capacidad de investigar por nuestro diseño institucional. Hoy en México tenemos 32 definiciones diferentes de cada delito.

Eso quiere decir que, de entrada, le damos a la delincuencia la ventaja de poderse desplegar en todo el territorio y acotamos nuestra capacidad de investigación y nuestra capacidad de persecución a entes que están fraccionadas y que no tienen posibilidad de coordinarse porque no tienen identidad en el lenguaje.

Tenemos que partir de la base de que para que haya justicia, tiene que haber rendición de cuentas; y para que haya rendición de cuentas, tiene que haber una capacidad de investigación que hoy el Estado no tiene.

No es suficiente con que nos reorganicemos, no es suficiente con que discutamos la forma de cómo se integran las instancias de procuración de justicia, lo que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo con una métrica mínima en el caso de justicia y esa métrica mínima, tiene que ser que todas las denuncias tengamos capacidad de investigarlas y que esa investigación le permita a la sociedad recuperar un sentido de justicia por la vía de combatir la impunidad.

¿De qué tamaño es esta brecha? Solamente 3 de cada 100 delitos que se denuncian en México son investigados.

No podemos hablar de un México y justicia, cuando tenemos esas deficiencias y esas brechas desde el Estado, siquiera para lo elemental. Y lo elemental es que el Estado responda con una investigación frente a la denuncia que le fue presentada.

Y en términos de seguridad, en donde compartimos no solamente la importancia y la pertinencia de los instrumentos, de nuevo, el ejercicio se presta a hacer una métrica y se presta a que la sociedad nos lleve, nos empuje, nos exija que esa métrica se vaya cumpliendo.

Aquí se ha hablado mucho de temas que son muy relevantes. Ocupamos una sociedad que esté pendiente de ver cuáles son los mínimos de prevención y que nos empuje a que los cumplamos. Y la prevención va desde el espacio público hasta la activación deportiva, desde el alumbrado hasta el transporte público, la prevención pasa por la educación y por la salud.

Y ya hemos visto en México ejercicios de prevención que tienen la escala que de ella se preveía. Vimos cuando nos volcamos en prevención en Juárez, vimos cuando nos volcamos en prevención en Tijuana, pero habiendo puesto ahí el estándar de la prevención, nos echamos para atrás.

Y volvemos hoy a tener Estado y estados, niveles de gobierno y sociedad civil y privada que no han hecho de la prevención el espacio transversal que requerimos.

Necesitamos hacer también un despliegue igualmente relevante de la disuasión y la métrica debiera ser clara, y la sociedad civil tiene un papel que jugar en esta métrica.

No tenemos el número de policías que necesitamos, no les damos el acompañamiento que debiéramos darles, no les pagamos como debiéramos, no les damos las prestaciones que necesitan, no hemos sido capaces de evitar que lleguen armas y dinero a manos de la delincuencia organizada, no hemos sido capaces de instrumentar las intervenciones de fondo para evitar la violencia de género.

En esta contienda electoral seguimos viendo violencia selectiva en perjuicio de comunicadores, de políticos, de ministros de culto, de defensores de derechos humanos. Ahí hay una métrica que debiéramos de empujar a la sociedad civil y desde la sociedad civil para que se cumpla y para que alcancemos, no sólo con el instrumento, sino con el objetivo mínimo de prevención y disuasión que debiéramos.

Y en seguridad, así como en justicia, un elemento toral es el combate a la impunidad.

Yo he tenido la gran fortuna, y con eso termino, de trabajar con la sociedad civil en muchos ángulos y con diferentes perspectivas, las más de las veces en coincidencia y en armonía, las menos de las veces en un debate siempre constructivo para encontrar, junto con una sociedad civil que persigue el bien común, que persigue formar ciudadanía, que persigue generar conocimientos y estrategias para que México sea un mejor país.

Y hoy aprovecho, no solamente para comprometerme con la agenda, sino para agradecer las muchas instancias y las muchas oportunidades que la sociedad civil y yo hemos tenido oportunidad de un diálogo constructivo y propositivo.

Sin duda, hoy el país es mejor gracias a ese diálogo y la visión y la forma de enfrentar los retos que tiene el país. A mí también me ha enriquecido de haberlos conocido a todos ustedes.

Muchísimas gracias.