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Hacia un crecimiento sostenido y sostenible

Acabar con la pobreza exige integrar los tres componentes del progreso —el económico, el social y el ambiental— en un concepto de desarrollo sostenible, que nos permita satisfacer las necesidades de hoy, sin comprometer la capacidad de futuras generaciones de saciar las suyas.
Y es que del cuidado del medio ambiente depende nuestra seguridad alimentaria, energética, hídrica e incluso la justicia social a la que aspiramos.

México enfrenta grandes desafíos en materia ambiental, pero igual de grandes son las oportunidades que tenemos de superarlos con éxito. Si logramos convertir en energía nuestro sol, nuestros ríos y nuestro viento, encenderemos un nuevo y poderoso motor de inclusión y desarrollo.

Establecer una interacción armónica entre nuestro entorno natural y nuestros objetivos de desarrollo exige avanzar principalmente en cinco rubros.

El primero es evitar el despilfarro de alimentos y agua. Hoy se desperdician en México más de un tercio de todos los alimentos que se producen. Además, si consideramos que el sector agrícola consume 70% del agua y genera 30% de los gases de efecto invernadero en México, vemos la urgencia de implementar políticas públicas que cuiden nuestros alimentos, agua y medio ambiente. Esto se logrará si hacemos más eficientes las cadenas de valor entre los productores y los espacios comerciales, además de dar apoyo y planeación a bancos de alimentos que brinden certeza alimentaria a quien no la tenga.

El segundo rubro es asegurar el acceso de los hogares a energías limpias: 20 millones de mexicanos cocinan con leña o carbón. El 70% de ellos no tiene cómo sacar el humo de sus casas, con lo que se vuelven vulnerables a graves enfermedades respiratorias que afectan sobre todo a mujeres, niñas y niños. Por ello, debemos ampliar el acceso a una matriz energética limpia para las comunidades más marginadas, donde predomina el uso de leña y carbón para cocinar. Con ello reduciremos las muertes por enfermedades respiratorias y contribuiremos a ponerle un alto total a la deforestación, junto con programas de conservación del suelo.

Debemos, en tercer lugar, garantizar financiamiento e inversión que permitan la preservación del capital biológico y ecológico, y prever lo necesario para asegurar el acceso al disfrute turístico, recreativo y de investigación de nuestras reservas naturales para estas y futuras generaciones.

El cuarto punto consta de avanzar en el establecimiento de ciudades inteligentes. En las grandes ciudades, casi la totalidad de las emisiones de gases efecto invernadero se genera en las viviendas, la industria, el transporte y el manejo de residuos. Con una mejor planeación de nuestras ciudades las haremos sustentables, es decir, ordenadas, con sistemas inteligentes de alumbrado y manejo de residuos, y con una buena conectividad por medio de transporte público limpio. Podemos introducir líneas de transporte seguro, eficiente y rápido en las principales ciudades del país. Podemos también lograr que las ciudades de más de 50 mil habitantes tengan plantas de tratamiento de aguas y la capacidad de convertir la basura en energía para el alumbrado público o el transporte colectivo.

En quinto lugar, necesitamos desarrollar nuestro potencial de generación de energía eólica, solar y geotérmica, con lo que podemos atraer inversiones por más de 550 mil millones de pesos y generar empleos de alta productividad.

Atender el reto de un desarrollo sostenido y sostenible requiere de proyectos y acciones innovadoras para avanzar en estos y otros temas vinculados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por los miembros de la ONU, México incluido, para alcanzar antes de 2030.

Unidos, todos por México, podemos hacer un país que, a través de la defensa y aprovechamiento de su patrimonio natural, se convierta en un nuevo referente global.