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Cero carencias; inclusión y equidad para el desarrollo

El desarrollo y las oportunidades no deben financiarse quebrando al país o endeudando a las futuras generaciones.

Ser pobre va más allá de carecer de dinero o de bienes. Acaso tan o más determinante que ello, ser pobre es no contar con libertades o derechos básicos ni con las capacidades para generar recursos y salir adelante. Está demostrado que la pobreza no se puede resolver solo dando dinero a quienes no tienen recursos. Luchar contra la marginación exige una política social que empodere a las personas con herramientas y les dote de oportunidades que les permitan incorporarse plenamente al sector productivo. A eso le llamamos inclusión, inclusión en favor de una mayor equidad.

Los programas sociales ciertamente son una vía transitoria para asegurar ingreso, seguridad social, salud, educación, alimentación y vivienda a quien hoy carece de ellos, pero una vía necesaria para que las propias personas transformen su realidad y puedan desarrollar sus talentos y su potencial. Así un muchacho que asiste a una escuela técnica para prepararse mejor o una joven que se capacita en la industria local son personas que transforman su realidad y alcanzan un mejor futuro. La educación es el mayor igualador social y la única manera en que una nación se hace cada vez más grande y fuerte.

Existen propuestas demagógicas que, aunque de entrada pueden sonar atractivas, en el fondo ponen en riesgo la viabilidad financiera de nuestro país. El desarrollo y las oportunidades no deben financiarse quebrando al país o endeudando a las futuras generaciones. Con oportunidades de educación e inclusión para niños, mujeres, indígenas, personas con discapacidad y adultos mayores, podemos cambiar su vida actual y asegurarles un mejor futuro.

No se trata de regalarles hoy un pescado, sino de enseñarlos a pescar para que puedan comer siempre. Por supuesto que es necesario llevar leche fortificada y granos a las familias más pobres en todo el país. Pero eso no basta. Junto con ello, es esencial velar por el cuidado de su salud, ofrecerles oportunidades de educación y de capacitación, abrirles la puerta a nuevos puestos de trabajo, a créditos para que construyan su casa o pongan un negocio. Es esencial velar por que las mujeres y los hombres de México tengan oportunidades para desarrollar su talento y sus capacidades y así labrar un destino de prosperidad para sus familias.

Tengamos un padrón único de beneficiarios para ser más efectivos en la selección y entrega de los programas sociales; que nadie que lo necesite quede fuera. Tengamos ventanillas únicas de atención para evitar ineficiencias y discrecionalidades en los apoyos; que nadie abuse. Quitemos a tanto intermediario en la política social; que las entregas de los programas sean transparentes con depósitos bancarios a los beneficiaros. Atendamos mejor a los receptores de los programas sociales y démosles herramientas para que, por su propio pie y con la frente en alto, dejen atrás su condición de pobreza para siempre.

Demos a cada mexicano un piso mínimo, una adecuada nutrición, acceso a servicios de salud, educación de calidad, vivienda, empleos suficientes y que paguen mejor. Aseguremos que nadie nazca en pobreza extrema; que independientemente del lugar en donde nazca y niño tenga acceso a una vida llena de posibilidades, de bienestar y desarrollo.

La mejor manera de combatir la pobreza y empoderar a las y los mexicanos es a través de la inclusión, de la equidad, de abrirles la puerta para que sean parte de la actividad productiva de la nación. En el siglo XXI tenemos las herramientas necesarias para asegurarles cero carencias sociales. Con su ayuda, con la plena participación laboral y productiva de todos, el crecimiento económico de México será para todos: inclusión y equidad para el desarrollo.